Mi práctica parte de la pintura del natural, entendida no como registro sino como experiencia. A través del color, la luz y la materia, construyo una imagen que se desplaza entre la observación y la interpretación, donde la forma se vuelve inestable y el gesto adquiere un lugar central. Mi trabajo dialoga con la pintura de La Boca y con tradiciones como el impresionismo, el expresionismo, el romanticismo y el barroco, retomando sus dimensiones más expresivas y dramáticas. En ese cruce, lo visible se transforma en una experiencia íntima y perceptiva, donde la pintura aparece como una pulsión, un modo de habitar el tiempo y la mirada.